martes, 26 de mayo de 2020
Pecado y Sanidad
Ver el rostro de Dios, es un anhelo de muchos, principalmente de aquellos que creen que existe. Incluso sus ángeles lo desean. Pero en una de sus tantas obras de amor. Nos ha refugiado para no ser destruidos. En su creación, el pecado estaba presente, pero sólo aquellas criaturas que tienen voluntad o libre albedrío, se puede manifestar. Su aparición no fue tan sólo en la tierra, sino que también en el cielo. Si sus ángeles hubieran visto el rostro de Dios y en sus pensamientos se hallaba pecado, serían destruidos inmediatamente, porque Dios es Luz y en el no hay tinieblas, es decir, no hay engaño o mentira. El pecado provoca una separación de Dios, que es la muerte, pues de él depende todo. El pecado se ha dado a conocer, a reunido suficientes pruebas en contra de si y a demostrado su destrucción. El pecado produce pecados. Y es el enemigo principal de Dios. El pecado hace que ignoremos a Dios, ignoremos su poder y el conocimiento de todas las cosas. Haciéndonos necios y que vayamos ciegamente por un camino que le llama libertad, pero que nos dirige a destrucción. Atacar a quien está en pecado, nunca ha sido obra del Espíritu Santo, es falto de Amor, pues es él que convence de pecado, de que eres enemigo de Dios. Esta enemistad no estaría para siempre y este asunto fue resuelto, fue sanado en la cruz, cuando fue sacrificado su hijo unigénito. Fuimos lavados y curados por su sangre. Te invito a que medites y puedas verlo, reconociendo en su presencia, en oración, talvez tu primera comunicación con él, que el pecado mora en ti y que no quieres ser su enemigo, reconociendo que su hijo Jesucristo es nuestro salvador, entonces obtienes su paz y te hace su hijo. Como hijo comenzamos a aprender de él. Y podremos también alcanzar a sus otros hijos que aún andan lejos. No por lo que nosotros hagamos, sino por lo que él hizo en nosotros y que si pudo en nosotros, también podrá en ellos. Amén.
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